jueves, 2 de marzo de 2017

EL GENERAL SAVIO



El 15 de marzo de 1892 nace Manuel Nicolás Aristóbulo Savio



“Padre de la siderurgia argentina”

"Entendemos que la industrialización del país es imprescindible e impostergable como factor de equilibrio económico social (…) Entendemos también que la industria comúnmente llamada 'pesada' es primordial para desarrollar la de carácter manufacturero (…) y que, por lo tanto, si el país renuncia a contar con ella perderá la oportunidad de ocupar en el concierto universal el nivel que le corresponde por su potencial moral y material, pues dependerá en forma excesiva de la buena voluntad extraña a sus propios y vitales intereses."
 Manuel Savio


EL HOMBRE

Manuel Nicolás Aristóbulo Savio nació el 15 de marzo de 1892 en Buenos Aires y falleció de un paro cardíaco a los 56 años, el 31 de julio de 1948, fecha hoy considerada como el "Día de la Siderurgia". Era hijo de Sebastián Savio, inmigrante italiano, y de María Gazzano, de nacionalidad argentina. Cursó sus estudios primarios en la Escuela de Graduados y los secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, de donde egresó en 1908.
Se casó a los 21 años con Alicia Dorrego, también argentina, hija de españoles.
Inició su carrera en el Colegio Militar de la Nación en marzo de 1909; en 1910 egresa como subteniente segundo de la promoción en el arma de Ingenieros y es destinado al 5º Batallón de la misma con asiento en la ciudad de Tucumán. Su primer jefe fue Alonso Baldrich (
1870 -1956) quien luego luchará junto a Enrique Carlos Alberto Mosconi (1877 - 1940) por el petróleo nacional.

LA FIGURA

LOS ALTOS HONOS DE ZAPLA


 La figura de Savio está ligada a una serie de acontecimientos fundamentales para el desarrollo económico del país, no se puede hablar de industrialización en la Argentina sin tener en cuenta sus ideas, sus conceptos y su lucha de toda la vida.
 Como fray Luis Beltrán y como Enrique Mosconi, el general Manuel Savio rompió los moldes comunes para transformarse en un ejemplo, en un país en el que la industrialización fue siempre relegada en beneficio de un modelo agrícola ganadero.
 No pueden olvidarse sus palabras en 1947: “La del acero es una industria básica sin cuyo desarrollo no puede considerarse que un país ha alcanzado su independencia económica. Incluso se comprueba la verdad opuesta: cuando menor es el desenvolvimiento de esta industria, mayor es la dependencia que se tiene del extranjero, con las graves consecuencias que de estas circunstancias se derivan”.
Ya en los lejanos años 1850 había dicho Domingo Faustino Sarmiento: “No somos industriales ni navegantes y la Europa nos proveerá por largos siglos de sus artefactos en cambio de nuestras materias primas”.
Nuestro país se fue conformando así en un país dependiente de la industria extranjera, lejos de los ideales iniciales de la Revolución de Mayo, que buscó emanciparse “de la metrópolis española y de toda otra potencia foránea”.
Los revolucionarios, agrupados en el Cabildo, protagonizaron lo que se llamó la “Revolución de Mayo”. Algunos de estos integrantes levantaron la bandera de la unidad americana y de la independencia de cualquier dominio extranjero. Eso los llevó a protagonizar una encarnecida lucha contra los porteños que, aliados con la inminente potencia Inglaterra, buscaban reemplazar una metrópoli colonial por otra. Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli y tantos otros, fueron las voces revolucionarias de entonces. Tal como aprobó el Congreso de Tucumán de 1816, con el agregado del 19 de julio, en sesión secreta, a propuesta del diputado Medrano: "...y toda otra dominación extranjera".
 Fray Luis Beltrán (1784-1827), militar y fraile franciscano argentino, de brillante actuación como fabricante y organizador de la artillería del Ejército de los Andes, que combatió junto a San Martin, tenía conocimiento de química, matemáticas y mecánica, fue uno de los primeros en entender que la riqueza mineral del país podía prestar servicios valiosísimos en la lucha por la independencia, favoreciendo la fabricación de armas como fusiles y cañones.
La actividad metalúrgica se ha forjado como una de las principales del país a lo largo de décadas, a pesar de los muchos detractores que subestimaron el papel de la industrialización y del desarrollo de la siderurgia local. La visión de Beltrán fue continuada por el general Savio, que remarcaba: “O sacamos hierro de nuestros yacimientos o renunciamos a salir de nuestra situación exclusiva de país agrícola ganadero, renunciando a alcanzar una mínima ponderación industrial con todas las consecuencias que eso implicaría para el futuro de la Nación”.
Fue autor en 1947 de un Plan Siderúrgico Nacional convertido rápidamente en Ley Nacional el 13 de junio del mismo año, lo que permitió que se creara SOMISA, que llegó a convertirse en la segunda acería argentina.
Savio, entre otras funciones, llegó a presidir el directorio de SOMISA y su legado fue tomado por diferentes corrientes del pensamiento industrial del país.


SAVIO ENCENDIENDO LOS ALTOS HORNOS


Ya en el año 1936, con 44 años, Savio fue designado al frente de la dirección de Fábricas Militares. Desde ese lugar impulsaría el desarrollo de la industria pesada nacional, enviando un proyecto de ley por el cual se crearía la Dirección General de Fabricaciones Militares (FM) y se autorizaba a realizar exploraciones y explotaciones de metales de valor estratégico, como cobre, hierro, plomo, estaño, manganeso, wolframio, aluminio y berilio, al igual que no metales, como el azufre, minerales que no serian destinados a su exportación, sino que servirían como insumos básicos para la industria nacional.
Los hallazgos y explotaciones que se realizaron desde FM fueron numerosos, siendo los más destacables los del hierro de Puesto Viejo, al sur de Palpalá, en Zapla; las arcillas y caolines bonaerenses, el uranio de Comechingones, la mina “Soberanía”, de Mendoza; el cobre de Los Aparejos, en Tinogasta, Catamarca; el mineral del Paramillo, de Uspallata, Mendoza; la mina de hematita La Santa, Pastos Grandes, Salta; y el cobre y la rodocrosita de Capillitas, entre otras. Además, la ley autorizaba el desarrollo de un programa de prospección geológico-minero en la Antártida Argentina.
Para el año 1943, a menos de 7 años de su creación como organismo autárquico, el Gral. Savio había inaugurado 9 fábricas nuevas: Fábrica de Acero y Pólvora y Fábrica de Explosivos de Villa María, Fabricaciones Militares de Armas Portátiles “Domingo Matheu”, Tolueno Sintético, Munición de Artillería Río Tercero, Munición de Artillería “Borghi”, Vainas y Conductores Eléctricos E.C.A., Munición de Armas Portátiles “San Francisco”, Materiales Pirotécnicos y Altos Hornos Zapla. Estas se sumaban a las 3 ya existentes (Fábrica Militar de Equipos, Fábrica de Material de Comunicaciones y Fábrica de Aviones).
 Ya para el 7 de marzo de 1944, tendría lugar un hito de la industria siderúrgica nacional, el comienzo de la construcción de la Planta Industrializadora de Palpalá de Altos Hornos Zapla, en la provincia de Jujuy, cuyo horno se construiría en hormigón armado (único en el mundo) por la escasez de materiales imperante en ese tiempo y cuyo fuego sería alimentado por carbón vegetal ante la falta de carbón mineral (para esto Savio activó el Vivero de Pirané, con 30 millones de eucaliptos y 15.000 ha), permitiendo la realización de cortes cada siete años.
 El 11 de octubre de 1945, apenas 1 año y 7 meses después del comienzo de las obras, surgiría del Alto Horno el primer chorro de hierro, sobre el cual Savio expresó que “iluminará el camino ancho de la Nación Argentina”.
 Más tarde se realizaron otros importantes logros, como la adquisición de la Sociedad Electrometalúrgica SEMA, rebautizada como Fábrica Militar de Vainas y Conductores Eléctricos (latón militar para vainas, metales para la industria manufacturera y una amplia gama de conductores eléctricos), además de la inauguración de la Fábrica Militar de Materiales Pirotécnicos y de la Fábrica Militar de Material de Comunicaciones y Equipos.
 En 1946, ante la abrupta caída del consumo nacional de hierro y la escasez de materiales, el Gral. Savio suscribe su Plan Siderúrgico, que luego sería transformado en ley, con el objetivo de producir acero en el país utilizando materias primas y combustibles argentinos (complementando en caso de ser necesario con materiales importados), para así ofrecer el suministro a las industrias de transformación y terminado de acero, fomentando la instalación de plantas de transformación y logrando de esa manera el desarrollo de la industria nacional.
Cuando por el mes de agosto de 1945 fueron arrojadas las bombas atómicas en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, Savio de inmediato reaccionó insistiendo en que “tenemos que intensificar ya, rápidamente, la búsqueda de uranio en todo el territorio argentino. No se trata de fabricar la bomba, sino de pesar en el concierto mundial con la tenencia de uranio”.
Así fue como los treinta geólogos de la DGFM se lanzaron al relevamiento y la exploración del territorio nacional en busca de uranio, logrando hallazgos sorprendentes. Dos décadas después, Argentina estaba en el concierto de las pocas naciones que generaban energía nuclear.
Mientras Chile, Brasil y México para sus emprendimientos siderúrgicos contaban con la colaboración norteamericana, Savio condicionado por la política exterior argentina que se mantuvo neutral durante la Segunda Guerra construía la planta piloto de Palpalá apelando a piezas en desuso recogidas a lo largo de todo el país. En un astillero viejo de San Fernando se compraron dos calderas antiguas, casi chatarra. Como no se pudieron obtener ladrillos refractarios para el interior del horno, una firma nacional los ofreció de sílice, siendo aceptados finalmente por los ingenieros suecos, pero sin ofrecer garantía.
Escribió diversas obras a partir de 1933, luego de haber traducido del francés trabajos del Capitán de Artillería Dumez sobre fabricaciones mecánicas, organización general de las fábricas y organización del trabajo, escribió su primera obra titulada Movilización Industrial. Luego le siguieron los libros Política Argentina del Acero (1942), Política de la Producción Metalúrgica Argentina (1942) y el grupo de conceptos que fundamentaron el Proyecto de Ley de Fabricaciones Militares, en 1944. También fue autor de otros trabajos, como ser la Ley de creación de la Dirección General de Fabricaciones Militares, Nº 12.709; el Plan Siderúrgico Argentino, ley Nº 12.987; el Proyecto de ley para desarrollar en el país un plan de producción de caucho natural y sintético y el Proyecto de protección y fomento de las industrias de las materias primas básicas.
 Falleció joven, lo que impidió que continuara su gran obra indispensable para el desarrollo de la industria y lograr la soberanía nacional, pero dejó su ejemplo, el que recogieron otros y que deben recoger muchos pretendidos estadistas actuales.
Como decía el Gral. Savio: “Necesitamos barcos, ferrocarriles, puertos y máquinas de trabajo, y no nos podemos detener a la espera de milagros… ello es ya un imperativo en nuestro progreso, porque es un mandato de la argentinidad, porque lo requiere nuestra soberanía dentro de un programa que no persigue ninguna autarquía deformada por exacerbado nacionalismo, sino porque aspira a contar con un mínimo de independencia”.

 Miguel Eugenio Germino


Fuentes:
http://www.centrocultural.coop/blogs/nuestramericanos/etiquetas/tupac-amaru/
http://www.diarioelnorte.com.ar/nota27914_el-general-manuel-nicolas-savio-desarrollo-la-industria-siderurgica-nacional-vida-y-obra-del-precursor-de-la-industria-siderurgica-nacional.html