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PRIMERA PAGINA Nº 265 - JULIO DE 2017

jueves, 2 de marzo de 2017

COMUNIDADES EN BALVANERA Y EL ABASTO



COMUNIDADES EN BALVANERA Y EL ABASTO
 
MONATERIO EN VALVANERA LA RIOJA ESPAÑA
  
 Cristóbal Colón desembarcó en América, creyendo que llegaba a Las Indias, en el año 1492, viaje supuestamente financiado tal cuenta la leyenda por “la fantasía” del empeño de las joyas de la Reina Isabel.
 Sin embargo las joyas ya estaban empeñadas antes del descubrimiento de América. Venía Colón con una tripulación “non santa” de presidiarios amnistiados para la travesía, enarbolando en una mano la cruz y en la otra la espada.
En el año 1536 Pedro de Mendoza funda por primera vez la Ciudad de Buenos Aires, los nativos a los que denominó Querandíes (palabra guaraní que significaba “Gente de Grasa”), finalmente la sitian y destruyen en 1541.
 Entonces entra en el juego conquistador Juan de Garay, que en 1580 la refunda, entregando tierras a diestra y siniestra entre sus amigos y tripulación, junto a las tierras también reparte “indios”.
Así comienza el reparto original de las tierras (hoy porteñas), que serán el inicio de las grandes quintas de la pre-historia de los Barrios de Balvanera y Almagro. Como la del portugués Carlos de los Santos Valente, de 18 hectáreas, en lo que hoy es el barrio de Almagro, solar que ocupaba el radio que delimitan las actuales calles Hipólito Yrigoyen, Castro Barros, Medrano, Díaz Vélez y una línea oblicua que partiendo de esta última y Billinghurst, terminaba en Maza e Hipólito Yrigoyen, en ese entonces Camino Real al Oeste.
Finalmente comprada el 29 de agosto de 1838 por Miguel Ramón Rodríguez, quien le vende la mitad norte al terrateniente Julián de Almagro, hijo de Juan María de Almagro y De la Torre (1755-1843), múltiple funcionario de la Colonia y terrateniente beneficiario de vastas posesiones en Entre Ríos y La Banda Oriental.
Así, a vuelo de pájaro, se ve cómo se formaron los barrios, y más tarde los loteos de las tierras que hoy pisan los almagreños y balvanerinos.

El criollo

 La palabra criollo tiene un origen etimológico dudoso, aunque la mayoría de los lingüistas lo derivan de “crío”, el nombre que le dieron los españoles a su descendencia nacida en el Nuevo Mundo (América hispánica). La RAE lo hace derivar del portugués “crioulo”, que se usaba en Brasil para identificar a los esclavos hijos de africanos que nacían en su territorio.
 El criollo era descendiente directo de españoles, siendo de ese origen su padre y su madre (los hijos nacidos en América pero con sangre española e india eran llamados mestizos).
 El criollo adquirió su idiosincrasia y su arraigo al territorio americano, sintiéndose diferenciado de los lazos que lo unían con la Metrópoli, especialmente porque si bien pudo adquirir un status económico apreciable gracias a las actividades mercantiles que se les permitía desempeñar, tuvo que soportar las restricciones del monopolio comercial impuesto por la Corona.
Después que los primeros conquistadores vinieron a usurpar estas tierras, se produce casi tres siglos más tarde una segunda gran inmigración, ésta es de brazos laburantes de origen fundamentalmente español e italiano, y produce una substancial eclosión a partir de fines del siglo XIX y principios del XX.
Balvanera y la zona del Abasto fueron los que mayor inmigración retuvieron, con mezcla de otras latitudes, como judíos polacos, árabes y otras; hacia 1880 comenzaron a llegar los judíos sefaradíes provenientes de Siria, Turquía, Grecia y Marruecos. Gracias a su idioma con influencias del español, debido a su pasado en España, se asimilaron fácilmente y se establecieron en distintos puntos del país, muchos de ellos en Balvanera.

PARROQUIA DE BALVANERA CIRCA 1870

 La inmigración judía se inició a mediados del siglo XIX y comenzó a decaer en la década del 30 del siglo XX, período durante el cual las políticas antisemitas estaban difundidas en el mundo y también en las políticas argentinas, como la mal llamada “Revolución del ‘30”.
 Una nueva corriente migratoria se dio después de la Segunda Guerra Mundial, donde llegaron en su mayoría judíos ashkenazíes provenientes de Alemania, Polonia y Rusia.
 La colectividad judía en nuestro país ocupa el séptimo lugar entre las comunidades judías del mundo.
 Siria y Líbano son dos países de la costa oriental del Mediterráneo, de allí provienen las principales corrientes inmigratorias árabe parlantes, que llegaron a la Argentina con las oleadas inmigratorias anteriores a 1940.
 Por lo general, todos los inmigrantes provenientes de Siria y Líbano, independientemente de su religión, eran llamados “turcos”. El gentilicio se debía a que hasta finales de la Primera Guerra Mundial, eran turcos sus pasaportes por provenir de territorios que se encontraban bajo la dominación otomana.
 A partir de 1870 en Buenos Aires comenzó a vislumbrarse la formación de nuevos barrios, superando la barrera inicial de la llamada Calle de las Tunas (Callao-Entre Ríos) y se modificó el damero inicial. Dos de ellos se destacaron: Almagro y Balvanera, que crecieron con el asentamiento de los inmigrantes en tierras loteadas de grandes latifundios.
 Entre estas dos conformaciones se desarrolló la zona del Abasto, como un tercer polo de crecimiento hacia el oeste, donde residían pocas familias en extensas quintas, manteniendo las tierras ocupadas con sembradíos de verduras y frutas de la estación.
 Otros factores desencadenantes del crecimiento poblacional en el lugar fueron también las epidemias y la aparición del tranvía eléctrico que llegó a Buenos Aires hacia 1898, que junto al primer ferrocarril de 1868, produjeron con sus vías el desarrollo de amplios sectores de la llamada “Gran Aldea”.
 El Mercado de Abasto fue el núcleo de la inmigración italiana que estableció su actividad con la comercialización de verduras y frutas al que se anexó carnes, pollos, huevos y otros artículos frescos de consumo masivo.
 

LAS MUEBLERÍAS  INICIADAS POR LA COMUNIDAD ESPAÑOLA SOBRE LA AVENIDA  BELGRANO


 Eran oriundos de diversas regiones de Italia, con el tiempo se habituaron al cosmopolitismo local, con ellos trajeron su singularidad, lo que distinguiría en más este foco habitacional. Allí se hablaban diferentes lenguas y dialectos, hasta el griego que tal vez mezclado con el lunfardo debió hablar el mismo Aristóteles Onasis en su juvenil paso por El Abasto.
 Los italianos carreros que venían a los boliches del lugar, intercambiando diálogos y palabras en intentos de comunicación con los criollos, dieron origen a una lengua confusa que se plasma en la literatura de la época, “el cocoliche”, que puede definirse como una variedad mixta de castellano y de dialectos de las penínsulas Ibérica e Itálica.
Antonio Cuccolicchio fue un italiano nacido en Calabria, que trabajó como peón de limpieza en el circo de los hermanos Podestá. Al hablar mezclaba el italiano con el español, creando un nuevo “dialecto” muy gracioso, que se tradujo en un impacto para el público asistente.
 La dominante presencia de los inmigrantes no logró que se apagara la fama de Balvanera como barrio de guapos (cuchilleros), de milongas, lugares de baile de tango naciente y hasta lupanares.
 Contiguos a este enclave y muy cercanos a la Plaza Miserere, se ubicaron los judíos-rusos que llegaron a Buenos Aires. Todas las quintas que en esa época rodeaban la zona fueron loteadas y cuando se ofrecieron para la venta esas tierras primero las cercanas al mercado 11 de septiembre, pero luego en 1880 en todo el barrio.  

EL PRIMER EDIFICIO DEL MERCADO DE ABASTO HACIA 1890


 Al final de los años 1970, el barrio se convirtió en una zona favorecida por las tiendas de electrónica de importación, a la vez que mantenía su tradición textil; las nuevas comunidades de inmigrantes coreanos y chinos pasaron a tener una presencia relevante en diversas actividades comerciales, más tarde serán dominicanos, africanos y peruanos las últimas corrientes migratorias. Éstas últimas estableciendo importantes restaurantes a lo largo de la calle Agüero, entre Córdoba y Valentín Gómez.
 La comunidad árabe tuvo a su vez tiendas y sedes de instituciones en el extremo sur de Congreso, cerca de San Cristóbal. También existe una importante comunidad de coreanos desde los años 80 y más recientemente el barrio ha sido un punto de influencia de miles de inmigrantes bolivianos.
 La zona sur acogió a muchas instituciones de la comunidad gallega, y se distingue por su animado comercio del mueble en torno a la avenida Belgrano. Durante los dos primeros decenios del siglo XX, la zona en torno a la avenida Corrientes fue elegida como núcleo de la comunidad judía de Buenos Aires, contando con sinagogas y clubes judíos, la sede de la AMIA y el teatro Yiddish IFT. También se concentró en ella el comercio textil, lo que a su vez atrajo a grupos de las comunidades árabe y armenia.

La población de estos barrios según el censo del año 2010:
Balvanera: 137.521 (4,4 km2) y una densidad de 31.254 p/km2
Almagro: 128.206 (4,1 km2) y una densidad de 31.269 p/km2

Los orígenes del barrio de Balvanera se remontan a la segunda mitad del siglo XVIII, más precisamente el 7 de diciembre de 1797, cuando Antonio González Varela apodado Miserere donó una parte de sus tierras para la construcción de un hospicio que sirviera de albergue a los misioneros franciscanos. Siendo el 1º de abril de 1933 el año de constitución de la Parroquia.
En cambio Almagro debe su nombre a una transacción inmobiliaria cuando el 28 de septiembre de 1839 Juan María de Almagro compró una fracción de aquella gran quinta de 18 ha.
 Miguel Eugenio Germino


Fuentes:
https://familysearch.org/wiki/es/Emigraci%C3%B3n_e_inmigraci%C3%B3n_de_Argentina#Inmigraci.C3.B3n_europea._1880_.E2.80.93_1914
http://www.wikiwand.com/es/Balvanera_(Buenos_Aires)
http://www.wikiwand.com/es/Balvanera_(Buenos_Aires)

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