jueves, 2 de abril de 2015

PRIMERA PAGINA EDITORIAL Nº 238 ABRIL DE 2015



EDITORIAL Nº 238 ABRIL DE 2015





“Una verdadera crisis histórica ocurre cuando hay algo que está muriendo pero no termina de morir y al mismo tiempo hay algo que está naciendo pero tampoco termina de nacer“.
Antonio Gramsci (Italia 1891-1937)



Mientras nace en nuestra Latinoamérica y en parte del mundo, lo nuevo, una era de justicia social e independencia política, libre de las clásicas ataduras, el viejo sistema agoniza, aunque tarda en extinguirse. Así la corporación judicial argentina aferrándose al moribundo pasado, se apresura con fallos de una increíble e intolerable parcialidad y velocidad, propios de su decadencia jurídica.

En una semana tres fallos, en tres jurisdicciones diferentes del mapa, dan la pauta del punto sin retorno en que ha caído. A saber: en menos de 20 horas en Buenos Aires el juez Julián Ercolini desestima el pedido de indagatoria de tres implicados en el caso Papel Prensa, Magnetto-Mitre-Gainza Paz, “por no encontrar meritos suficientes”.

En Bahía Blanca otro juez, Claudio Pontet dictó el sobreseimiento en favor de Vicente Massot, director del diario La Nueva Provincia, acusado de participar y promover crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura.

En Jujuy, la Cámara de Casación Penal dicta la “falta de mérito” de Carlos Pedro Blaquier dueño del Ingenio Ledesma, e implicado en la brutal “noche del Apagón”.

Mientras, también en Buenos Aires, el fiscal Gerardo Pollicita, titular de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 11, quien analizó la póstuma denuncia de Nisman, y aunque carente de pruebas concretas, firmó un requerimiento contra la presidenta, ante el Juzgado Federal N° 3, de Daniel Rafecas.

Como se ve, la parcialidad judicial se mezcla con la velocidad en un claro sentido destituyente de los sectores retrógrados ligados al viejo poder que no terminan de agonizar.

En el año 1996 Domingo Cavallo, el inefable “Mingo” (para los amigos), el mismo que supo derramar una lágrima de cocodrilo, ante Norma Pla (como se sabe, los cocodrilos lloran mientras devoran a sus presas. Esto se debe a que las glándulas lacrimales situadas a muy pocos centímetros de las salivales se estimulan cuando come).


El Mingo, con su campechano perfil, supo a su manera deglutir sus víctimas: los jubilados, los trabajadores y el conjunto de la gente humilde, al tiempo que sus amigos, el FMI, el gran empresariado y ciertos jueces gozaban de su amistad carnal. Inmortalizó el control del menemismo sobre los jueces federales con una imagen única: la famosa servilleta de Corach. Lágrima va, lagrima viene, el país y la gente humilde “se jodieron”, con canjes, re canjes y recontra canjes, con los que triplicó la deuda externa, a beneficio de las multinacionales extranjeras.


 Aún en la actualidad sobreviven jueces de la nefasta dictadura, junto con otros que nombró Menem y compañía los de la servilleta.


Hoy, “la justicia”, ya cuestionada desde la época del “Martin Fierro”, se constituye así en un poder ilimitado, casi perpetuo, como una “corporación incontrolable de jueces y fiscales”, supra constitucionales trabando la aplicación de leyes vigentes, sancionadas y promulgadas, mediante las artimañas de las “cautelares” eternas. Los casos Clarín y Papel Prensa y compañía, hablan por sí solas.


El “Caso Nisman” dejó al desnudo a una corporación judicial constituida como poder paralelo y por sobre el Ejecutivo y Legislativo, toda una aberración constitucional y jurídica coaligada como poder mediático, que pretende cogobernar manteniendo un control inconstitucional que lleva al país a un grado incontrolable propicio para el llamado “Golpe Blando”, término que les molesta a estos detractores.


¿Como no les va a molestar lo de “blando” a quienes siempre la oficiaron de “duros”? Duros claro está, contra las causas populares, los trabajadores, el pequeño comercio y los profesionales demócratas.


Son los mismos esbirros, secuaces y continuadores de aquella dictadura “cívico militar”, repetimos: “cívico militar”, y agregamos eclesiástica, porque aquella dictadura no fue únicamente comandada por la milicada, tenía su pata civil, y tenía también su pata ligada a los medios, como Clarín, La Nación y La Razón, que se apoderaron de “Papel Prensa” y hoy controlan el monopolio del papel, tornando irreal una democracia, representativa, federal y popular.


 Los momentos que se avecinan en tribunales amagan con dejar vacíos la mitad de los juzgados, y esto sin contar que la Magistratura tiene para analizar pedidos de remoción contra muchos de jueces federales en ejercicio.


Y qué hablar de la Corte Suprema de Justicia, con solo tres miembros y un nonagenario de dudosa capacidad física e intelectual, y la imposibilidad de nombramiento de nuevos miembros.


Al decir de Gramsci, estas fuerzas que se niegan a perecer continúan obstruyendo el avance del mundo nuevo que se viene más temprano que tarde. Pretenden llevar al país a un callejón sin salida, campo propicio para desestabilizarlo, contra un gobierno que supo honrar su deuda externa, pagarla, recuperar sus ferrocarriles, aerolíneas, YPF, Aguas Argentinas, el sistema jubilatorio, la dignidad del trabajador, del jubilado y de los sectores más humildes recuperando su decoro y un lugar en el mundo.


¡Ojo! decimos pretenden, porque no podrán lograrlo si el pueblo unido los enfrenta con decisión, porque como dice el slogan popular: “el pueblo unido jamás será vencido”.


¡Ojo, nuevamente! que en caso contrario de nada valdrá derramar después   lágrimas de cocodrilo.


 


                                      Hasta la próxima

 

 

 

 



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